sábado, 9 de noviembre de 2013

NACIMIENTO DE MARÍA


         Según los evangelios apócrifos de la Natividad, en Jerusalén vivía un hombre llamado Joaquín, que a pesar de ofrecer generosos dones al Templo, se le reprochaba el no haber tenido aún descendencia. Afligido, se retiro al desierto. Su mujer Ana, que no conocía su huída, lamenta doblemente su “viudez y su esterilidad”, (Protoenvagelio de Santiago. 2,1, s.II). Mientras se lamentaba se le apareció un ángel anunciándole el advenimiento de una hija. “Vete a la puerta que llaman Dorada y sal al encuentro de tu marido (que también había sido visitado por un ángel) porque hoy mismo llegará. Ella se dio prisa y salió corriendo, acompañada de sus doncellas, se encontraron en la Puerta Dorada, fundiéndose en un abrazo.
         Este abrazo de Joaquín y Ana en la Puerta Dorada es un  tema frecuente e importante en la iconografía mariana y sirvió junto al árbol de Jesé, para expresar la concepción de María sin pecado original.

         En las representaciones del nacimiento de María, santa Ana está acostada y rodeada por una numerosa corte de asistentes. Y pregunto a la comadrona: ¿Qué es lo que he dado a luz?, y la comadrona respondió; una niña, entonces Ana exclamó, “Mi alma ha sido enaltecida” y reclinó a la niña en la cuna. Habiendo transcurrido el tiempo marcado por la ley, Ana se purificó, dio el pecho a la niña y le puso el nombre de Mariam. (Pseudomateo 5,2).

ABRAZO EN LA PUERTA DORADA. GIOTTO

NACIMIENTO DE LA VIRGEN, GHIRLANDAIO

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