sábado, 1 de junio de 2013

PABLO DE VALLADOLID. Velázquez. 1635. Museo del Prado.


El pintor E. Manet (1832-1883) afirmó que esta obra era “quizá el trozo de pintura más asombroso que se haya pintado jamás”, lo que nos da una idea de la capacidad innovadora de Velázquez, que aquí crea un espacio sin ninguna referencia geométrica que delimite ni el suelo ni las paredes. La figura de Pablo de Valladolid, que trabajó en la corte desde 1632 hasta su muerte se integra con toda verosimilitud en un espacio sugerido sólo por su sombra y la degradación de la luz.
         El personaje se muestra en una actitud declamatoria, como un actor en un escenario imaginario, y es muy posible que su presencia en la corte se debiera a sus dotes cómicas o interpretativas. Toda la obra esta realizada con gran economía de medios, pero también con toda la seguridad que caracteriza la madurez del autor.

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